
Durante mucho tiempo se ha pensado que las canas son simplemente una consecuencia inevitable de cumplir años. Sin embargo, hoy sabemos que las canas también hablan de cómo vivimos, del ritmo que llevamos, de cómo gestionamos el estrés, de lo que comemos, de cuánto descansamos. Cada vez más personas descubren sus primeras hebras plateadas antes de lo esperado y, aunque la genética tiene mucho que decir, nuestro estilo de vida está ganando un papel protagonista en este proceso, como confirman desde Svenson, expertos en medicina y en cuidado capilar. ¿La buena noticia? La ciencia y la cosmética avanzada empiezan a ofrecer nuevas vías para ralentizar este proceso.
A nivel biológico, las canas aparecen cuando los melanocitos, las células encargadas de producir la melanina (el pigmento del cabello), pierden su capacidad de funcionar o desaparecen. Aunque este proceso está programado en nuestro ADN, el estrés puede acelerar su aparición.
Situaciones de alta presión emocional activan el sistema nervioso simpático, liberando noradrenalina. Este proceso contribuye al agotamiento prematuro de las células madre que generan los melanocitos. En otras palabras: cuando vivimos en “modo alerta” constantemente, nuestro cabello también lo nota. Además, “el estrés favorece el llamado estrés oxidativo, un exceso de radicales libres que daña las células, incluidos los melanocitos. Con la edad, disminuye la acción de enzimas protectoras como la catalasa, lo que provoca la acumulación de peróxido de hidrógeno en el folículo piloso, contribuyendo al blanqueamiento del cabello”, comenta Ignacio Sevilla, director médico de Svenson. Y para aquellos que encuentran una relación directa entre la aparición de canas y la caída del cabello, el doctor matiza que “son procesos biológicos diferentes: uno afecta al pigmento, y el otro al ciclo de crecimiento del pelo”.
En cuanto a la aparición precoz de las canas, no todo es la genética como se suele creer: “suele haber una combinación de factores: predisposición genética, mayor estrés oxidativo, menor reserva de células madre, déficits nutricionales o enfermedades como hipotiroidismo o vitiligo”, afirma Sevilla. Aunque también influyen, una vez más, los hábitos: el tabaquismo y la exposición continua a la contaminación y a la radiación UV aumentan el daño celular y aceleran la pérdida de pigmento.
Rutinas beauty para mantener un cabello sano y con brillo
Aunque las canas formen parte inevitable del proceso de envejecimiento, el aspecto del cabello sí se puede cuidar. En este sentido, desde Svenson recomiendan usar champús suaves con antioxidantes, reducir el uso de planchas y secadores a altas temperaturas, proteger el cabello del sol con sprays específicos, mantener una dieta rica en micronutrientes esenciales y dormir bien: “el descanso es uno de los mayores aliados del equilibrio hormonal y capilar”.
En el campo médico y cosmético, la investigación está avanzando hacia soluciones cada vez más sofisticadas para ralentizar la aparición de las canas. Hoy, distintos estudios del sector apuntan al papel de los antioxidantes específicos para proteger las células madre del folículo, también a la posible modulación del sistema nervioso simpático, que investiga cómo reducir el impacto del estrés biológico sobre los melanocitos. Además, la suplementación personalizada en casos de déficits de hierro, B12 o zinc, también puede mejorar el entorno del folículo. Y en un horizonte más lejano, las terapias con células madre como vía para regenerar los melanocitos.
Es cierto que aún no existe un tratamiento capaz de revertir completamente las canas, pero las nuevas líneas de investigación hacen pensar que, en el futuro, hablar del envejecimiento capilar será muy diferente. Lo que sí concluyen los expertos es que las canas no solo cuentan los años, sino también las historias, las decisiones y el ritmo de vida, por lo que entender su aparición es el principal paso para tratarlas.
