
Los porcentajes en los envases de cosmética se interpretan como caballos de potencia. 10% parece mejor que 5%; 1%, más eficaz que 0,3%… Pero, en formulación cosmética, la aritmética no funciona exactamente así. La concentración importa, sí, pero también la forma del activo, su estabilidad, el vehículo que lo transporta, su biodisponibilidad, la combinación con otros ingredientes y, sobre todo, cuánto puede tolerar la piel. Una fórmula más potente que no podemos utilizar de forma constante puede acabar siendo bastante menos eficaz.
Lo explican los expertos de R+, firma de Droguería Riesgo que recoge su expertise en activos desde 1866.
La obsesión por los activos ha tenido una consecuencia positiva; hoy sabemos mucho más sobre lo que nos ponemos en la piel. Retinol, niacinamida, vitamina C, ácido hialurónico o péptidos han dejado de ser palabras reservadas a formuladores y dermatólogos para formar parte del vocabulario de las consumidoras de cosmética.
En contrapartida, ese conocimiento también ha generado un pequeño monstruo ‘marketiniano’: la carrera por el porcentaje más alto. Y la formulación no funciona así.
LA DOSIS IMPORTA. LA FÓRMULA, TAMBIÉN
Un cosmético no es simplemente un activo disuelto en un tarro. Para que ese activo funcione hay que conseguir que se mantenga estable, llegue allí donde interesa, sea compatible con el resto de la fórmula y pueda utilizarse con la frecuencia necesaria sin comprometer la barrera cutánea.
Por eso, dos sérums que anuncian el mismo porcentaje de un ingrediente no tienen necesariamente la misma eficacia.
Importan cuestiones como el pH, el sistema de liberación, el vehículo, la forma química del ingrediente, la presencia de otros activos que potencien o complementen su acción y la tolerabilidad final de la fórmula.
Y aquí aparece una de las palabras menos glamurosas y más importantes de la cosmética: constancia. El mejor activo sirve de poco si una fórmula irrita tanto que obliga a abandonarla.
‘En formulación no se trata de alcanzar el porcentaje máximo posible, sino de encontrar la concentración en la que el activo ofrece un buen equilibrio entre eficacia, estabilidad y tolerancia. El porcentaje es solo una parte de la fórmula’, explica Alicia de la Lama-Noriega, co-fundadora de R+.
EL RETINOL ES EL EJEMPLO PERFECTO
Pocos ingredientes ilustran mejor la fiebre de los porcentajes.
Desde que surgió, el mercado ha competido por ofrecer concentraciones cada vez mayores. Sin embargo, aumentar la cantidad de retinol puede aumentar también sus efectos adversos, como irritación, sequedad, tirantez o descamación.
De hecho, la regulación europea establece para los productos cosméticos faciales una concentración máxima de vitamina A equivalente al 0,3% de retinol. La Academia Española de Dermatología y Venereología ha explicado, a propósito de esta regulación, que el objetivo no es demonizar uno de los activos con mayor evidencia en cosmética, sino favorecer un uso adecuado y evitar la exposición excesiva a vitamina A.
Y hay un matiz importante: 0,3% no significa poco retinol.
La investigación ha encontrado actividad y mejoras cutáneas con concentraciones moderadas. En un estudio que comparó distintas formulaciones con retinol, la concentración del 0,3% mostró eficacia sobre signos del fotoenvejecimiento y un perfil de tolerabilidad más favorable que la formulación al 1%.
La pregunta interesante deja entonces de ser ‘¿cuánto retinol puedo ponerme?’ para convertirse en ‘¿qué concentración puedo utilizar de manera eficaz y constante?’.
0,3% + UNA FÓRMULA QUE HACE EQUIPO
Precisamente 0,3% de retinol puro es la concentración elegida por R+ para formular Pro-A Reset Booster.
Y el dato importa por lo que hay alrededor.
El retinol se combina con niacinamida, que contribuye al mantenimiento de la función barrera y a mejorar el aspecto del tono; betaína, de propiedades hidratantes y calmantes; Fucogel, que favorece la hidratación y el confort; células madre de uva G-Cell, de acción antioxidante; y Acmella oleracea, utilizada en cosmética por su efecto alisador.
La fórmula permite entender bastante bien la diferencia entre formular alrededor de un activo y limitarse a aumentar su concentración.
‘Un activo no trabaja aislado. Hay que pensar qué ingredientes lo acompañan, cómo se comporta dentro de la fórmula y cómo va a responder la piel. Si conseguimos que una persona pueda utilizar el producto de manera constante y con buena tolerancia, estamos haciendo mucho más por su eficacia que persiguiendo simplemente un número más alto’, señalan desde R+.
