Claves para disfrutar de la terraza todo el año.

Claves para disfrutar de la terraza todo el año.


Durante años, octubre fue el mes de apilar las sillas, enfundar los cojines y dar la terraza por cerrada hasta mayo. El clima ya no respeta esas fechas: según AEMET, el verano de 2026 ha sido el más cálido desde que arrancó la serie oficial, en 1961, y las condiciones plenamente veraniegas se prolongaron durante cuatro meses, uno más de lo que marca el calendario. Para el trimestre de octubre a diciembre, la agencia da un 70% de probabilidad de que sea más cálido de lo normal en la mayor parte de España. Desde el estudio DmasC Arquitectos recuerdan que una terraza bien preparada puede seguir funcionando como una habitación más durante buena parte del otoño y del invierno, y que para conseguirlo rara vez hace falta una gran obra. Estas son sus claves.

Primero, el viento
Lo que echa a la gente de la terraza en otoño no suele ser el frío, sino el viento. Con 10 grados, una brisa de 20 km/h basta para que la sensación térmica baje a unos 7. Un buen cortavientos (un paño de vidrio, una celosía tupida o jardineras altas con plantas de hoja perenne en el lado más expuesto) cambia el uso de la terraza más que cualquier estufa. Antes de comprar nada, conviene pasar un rato en ella una tarde de aire y comprobar por dónde entra.

Dejar pasar el sol de invierno
En Madrid, a mediodía, el sol se eleva unos 73 grados sobre el horizonte en junio y apenas 26 en diciembre: en invierno entra mucho más bajo y llega más hondo. Un toldo fijo o una sombra pensada para agosto puede robarle a la terraza justo el sol que más se agradece en enero. Las pérgolas de lamas orientables, los toldos que se recogen por completo o las trepadoras de hoja caduca, como la parra o la glicinia, dan sombra en verano y dejan pasar el sol en invierno.

Calentar a las personas, no al aire
En un espacio abierto, calentar el aire es tirar la energía: el viento se la lleva. Funcionan mejor las fuentes de calor radiante, como los paneles de infrarrojos, que calientan directamente a quien está sentado, y los recursos de siempre: mantas y cojines gruesos. Una advertencia: las estufas de gas de exterior están pensadas para espacios abiertos. En una terraza acristalada o cerrada consumen oxígeno y, con poca ventilación, pueden generar monóxido de carbono.

El frío entra por los pies
La piedra y la cerámica se notan mucho más frías al tacto que la madera o los composites, aunque estén a la misma temperatura, así que una alfombra de exterior o una tarima elevada cambian la sensación de inmediato. En los textiles, mejor tejidos técnicos que resistan la humedad y sequen rápido, y un arcón estanco a mano para guardar cojines y mantas cuando llueve.

Luz para después del 25 de octubre
En la madrugada del domingo 25 de octubre los relojes se retrasarán una hora y el anochecer se adelantará de golpe: en Madrid, el sol se pondrá hacia las 19:20 el sábado y hacia las 18:20 el domingo, y a primeros de diciembre, antes de las 17:50. Si la terraza va a usarse por la tarde, necesita una iluminación pensada para eso: varios puntos bajos y de luz cálida, en torno a 2.700 K, mejor que un único foco que deslumbra, y enchufes donde de verdad se van a necesitar. Las balizas solares, con menos horas de sol, rinden menos justo cuando más falta hacen.

Un techo para la lluvia
Templado no significa seco: AEMET da un 50% de probabilidad de que el trimestre sea más lluvioso de lo normal en amplias zonas del norte, el centro y el oeste peninsular, y un 70% en el noroeste. Una cubierta practicable, como una pérgola que se cierre por completo o un toldo con pendiente suficiente para evacuar el agua, alarga mucho la temporada. Y antes de las primeras lluvias fuertes conviene limpiar sumideros y canalones: las hojas de otoño los atascan, y una terraza encharcada acaba, demasiadas veces, en el techo del vecino de abajo.

Acristalar, sí, pero con permiso
Cerrar la terraza con cortinas de vidrio es la forma más rápida de ganarle meses, pero no es una decisión que pueda tomar solo el propietario. Si el cerramiento cambia el aspecto de la fachada, hace falta el acuerdo de la comunidad de propietarios y, según el municipio, licencia o declaración responsable ante el ayuntamiento. Hacerlo sin papeles puede acabar con una orden de devolver la terraza a su estado original. Y una vez cerrada, hay que ventilarla: sin renovación de aire, la condensación aparece en cuanto bajan las temperaturas.

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