
La estilista y modelo Maialen Fernández de Arroiabe propone aplicar la filosofía del kintsugi al vestir y da las claves para saber qué prendas conservar y cómo convertir sus marcas en parte de su historia
Hay prendas que sobreviven años en nuestro armario, a mudanzas, cambios de estilo y tendencias porque tienen algo que va mucho más allá de su apariencia. Un vestido que recuerda a una persona, una camisa asociada a un momento feliz o una chaqueta que nos ha acompañado durante años y en experiencias importantes pueden convertirse en auténticas piezas de nuestra historia personal. En ese sentido, la estilista, modelo y periodista Maialen Fernández de Arroiabe y escritora del libro EstilosaMente. 20 principios de estilo para la mujer del siglo XXI les da un significado especial “la ropa es, de alguna manera, nuestra biografía hecha tejido”.
Desde esta perspectiva, el armario puede entenderse también como una especie de archivo personal. Algunas prendas se convierten en una “colección permanente”.
El kintsugi llevado al armario
Se desgastan, pierden color, dejan de encajar con las tendencias… Seguramente te haya pasado esto con algunas de tus prendas y, la respuesta más habitual es sustituirlas. Sin embargo, Maialen Fernández de Arroiabe en EstilosaMente propone en su libro EstilosaMente. 20 principios de estilo para la mujer del siglo XXI otra manera de mirar la ropa: entender que sus marcas también forman parte de su historia, trasladando al armario el espíritu del kintsugi, la técnica japonesa que repara piezas de cerámica haciendo visibles sus cicatrices.
“Si alguna vez te cuestionas entre conservar o soltar ropa marcada por el uso, recuerda el espíritu del kintsugi”, explica la autora. “La idea no consiste en acumular prendas que ya no utilizamos, sino en aprender a distinguir cuáles tienen todavía un valor y cómo podemos recuperarlas para que continúen formando parte de nuestra historia”.
Antes de tirar una prenda, preguntarse si realmente ha perdido su valor
El primer paso para llevar esta filosofía japonesa al terreno de nuestro armario comienza con plantearnos una pregunta: ¿qué relación tenemos con la prenda y por qué ha permanecido en nuestro armario?
A partir de ahí, Maialen propone que realicemos una reflexión que quizás hasta nos saque una sonrisa. “La ropa puede funcionar como una biografía hecha tejido. Algunas piezas nos recuerdan a personas, lugares o etapas concretas y se convierten en auténticas “joyas emocionales” que merece la pena que ocupen un sitio en nuestro armario”.
En estos casos, desprenderse de una prenda no es simplemente hacer espacio, también puede significar desprenderse de un objeto cargado de recuerdos. “La clave está en diferenciar entre conservar por apego y conservar porque esa pieza todavía tiene un significado real para nosotros”, añade la estilista.
Reparar también puede ser una forma de actualizar una prenda
El kintsugi propone algo especialmente interesante aplicado a la ropa: no esconder necesariamente las huellas del tiempo, sino integrarlas en el resultado final.
Un pequeño descosido, un tejido desgastado o un forro deteriorado no tienen por qué significar el final de una prenda. La estilista, periodista y modelo Maialen Fernández de Arroiabe plantea soluciones sencillas que permiten integrar esta técnica como renovar un forro, realizar un zurcido visible, utilizar un hilo de contraste o introducir pequeños detalles que hagan que la reparación deje de ser un defecto para convertirse en un elemento estético.
“Un forro renovado o un zurcido visible en hilo a contraste son pequeñas reparaciones que jamás rebajan su valor, más bien lo multiplican, porque llevan impresa la huella de lo vivido”, señala.
Así, reparar no significa devolver una prenda a su estado original, sino darle una nueva oportunidad sin borrar aquello que la hace única.
Elegir calidad pensando también en el futuro
Aplicar el kintsugi al armario implica, además, replantearse qué compramos. Frente a la acumulación de prendas de usar y tirar, apostar por piezas de mayor calidad permite que puedan acompañarnos durante más tiempo, ser reparadas cuando sea necesario e incluso pasar a otras manos.
Tal y como explica la estilista, periodista y modelo Maialen Fernández de Arroiabe en EstilosaMente, “el legado también se construye hacia el futuro, cuando eliges calidad sobre cantidad, y decides qué prendas merecen ser cuidadas para perdurar e incluso, si lo deseas, ser regaladas algún día”.
En definitiva el kintsugi aplicado al vestir plantea una relación menos desechable con la ropa. Una prenda no tiene por qué ser perfecta, nueva o estar intacta para seguir teniendo valor, puede haber cambiado, haber sido reparada y mostrar las huellas del uso y, precisamente por eso, contar mucho más sobre quien la lleva.
Quizá la próxima vez que aparezca un pequeño desgaste en una prenda no haya que preguntarse inmediatamente si toca sustituirla. A veces, la pregunta puede ser otra: ¿y si esa cicatriz es precisamente lo que hace que merezca la pena conservarla?
PVP EstilosaMente. 20 principios de estilo para la mujer del siglo XXI: 18,00€



