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Motivación, la clave para el desarrollo educativo de niños con altas capacidades

Mantener a los pequeños dentro de su grupo de edad es fundamental para su adaptación.

Los niños con altas capacidades se dividen entre superdotados, talentosos y precoces intelectualmente

Tendentes a perder la concentración, con un sentido de la curiosidad y la imaginación muy desarrollado, e incluso desafiantes ante la autoridad y las normas; así son los niños y niñas con altas capacidades. Pequeños que precisan de un sistema educativo especial, dentro del cual la estimulación y la motivación en el aula juegan un papel fundamental, tal y como apunta Celia Rodríguez, psicóloga, pedagoga y asesora de RUBIO.

Así, estos niños y niñas, cuyas capacidades intelectuales superan a las de sus compañeros de aula, precisan de “una atención especial que proporcione los recursos necesarios para asegurar el máximo desarrollo de sus capacidades”.

No obstante, esto no debe implicar, en ningún caso, alejar a estos niños y niñas de su grupo de edad, ya que “a menudo puede aparecer un desfase entre su desarrollo intelectual y otras áreas de desarrollo que siguen un desarrollo normal”, lo cual se vería incrementado distanciándolos de su grupo de referencia.

¿Cómo ayudarles?

Denominados anteriormente alumnos superdotados, los más de 12.000 niños y niñas españoles con altas capacidades intelectuales, eran considerados hace unos años aquellos con un Coeficiente Intelectual (CI) superior a la media, en concreto mayor a 130. No obstante, en la actualidad, la definición se ha extendido, recogiendo de igual modo el talento, cuando los alumnos destacan en alguna capacidad concreta; y la precocidad intelectual, referida a la adquisición de manera temprana de hitos del desarrollo.

RUBIO propone una guía práctica de consejos para aumentar la motivación de los alumnos y alumnas con altas capacidades intelectuales, que impidan que estos niños pierdan el interés en el aula: 

1. Estimular sus habilidades lingüísticas y matemáticas, especialmente desarrolladas en estos niños.

2. Promover talleres de enriquecimiento de conocimientos, dentro y fuera del aula, que permitan a estos niños aumentar el contenido de sus clases a través de la investigación y la exploración.

3. Convertirles en mentores del resto de compañeros, para que les enseñen y tutoricen.

4. Favorecer su participación activa en el aula, a través de la elaboración de preguntas y el conocimiento crítico.

5. No limitar su aprendizaje, permitiéndoles ampliar la información ofrecida por los profesores.

6. Utilizar el sentido del humor para favorecer estados de ánimo positivos que contribuyan a la motivación.

7. Emplear juegos y herramientas de lógica, enigmas, jeroglíficos…

8. Diseñar actividades o dinámicas de aula con distintos niveles de dificultad.

9. Organizar visitas a museos, talleres de ciencias y tecnología.

Por último, la propia Rodríguez aboga por la flexibilidad a la hora de establecer los procesos educativos que aseguren el desarrollo de las capacidades intelectuales de los alumnos, ya que cada uno de ellos cuenta con unas necesidades específicas a cubrir.

 

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