
El nuevo interiorismo no propone llenar la casa de tendencias, sino liberarla de soluciones impersonales. La vivienda más contemporánea será, precisamente, la que menos se parezca a todas las demás.
Septiembre también inaugura un nuevo curso para la casa. Después de años dominados por interiores impecables, neutros y sospechosamente parecidos entre sí, el interiorismo recupera la personalidad, el color y las señales de vida. Ya no se busca una vivienda preparada únicamente para salir bien en una fotografía, sino un espacio reconocible, confortable y capaz de envejecer con dignidad. DMASC ARQUITECTOS, nos explica todo lo que viene y va.
El final de la casa completamente beige
Los tonos neutros no desaparecen, pero dejan de cubrirlo todo. El beige, el blanco roto y el gris funcionan como base, combinados ahora con colores más profundos, como el verde oscuro, el burdeos, el azul tinta, el terracota o el amarillo ocre. La clave no consiste en llenar la vivienda de color, sino en introducirlo arquitectónicamente mediante una pared, una carpintería, una piedra singular o una pieza diseñada a medida.
Maderas más oscuras y con la veta visible
Después de años de predominio del roble claro, regresan el nogal y las maderas de tonalidades más intensas. Aparecen en suelos, panelados, armarios, cocinas y mobiliario integrado, aportando profundidad y calidez. Se buscan acabados naturales que permitan apreciar la veta y que mejoren con el uso, frente a las superficies excesivamente uniformes que intentan permanecer inalterables.
Materiales que no necesitan parecer perfectos
Piedras con vetas acusadas, metales que desarrollan pátina, maderas cepilladas, cerámicas artesanales y revestimientos minerales sustituyen progresivamente a los acabados planos e industriales. La irregularidad deja de considerarse un defecto y se convierte en parte del carácter de la vivienda. Los materiales auténticos soportan mejor el paso del tiempo porque no dependen de una moda concreta ni pretenden ocultar su naturaleza.
Cocinas más domésticas y menos clínicas
La cocina blanca, brillante y completamente despejada pierde terreno frente a espacios más cálidos, con madera, piedra, vitrinas, estanterías y muebles que podrían pertenecer al resto de la casa. Incluso cuando está abierta al salón, ya no tiene por qué desaparecer ni camuflarse. La tendencia consiste en integrarla a través de los materiales, las proporciones y la iluminación, convirtiéndola en un lugar de reunión y no solo en una zona técnica.
La iluminación deja de depender del techo
Una vivienda no necesita estar iluminada con la misma intensidad a todas horas. La luz ambiental, las lámparas de sobremesa, los apliques, la iluminación indirecta y los puntos de lectura permiten crear distintas atmósferas y adaptar cada estancia a su uso real. El proyecto lumínico se plantea desde el inicio de la reforma, porque añadir lámparas bonitas al final no corrige una iluminación mal diseñada.
Piezas antiguas dentro de arquitecturas contemporáneas
Los interiores excesivamente coordinados empiezan a resultar impersonales. Una cómoda heredada, una mesa antigua o una obra de arte pueden convivir con una arquitectura contemporánea y aportar una profundidad que no se consigue comprando toda la decoración de una sola vez. Para que la mezcla funcione, necesita un fondo arquitectónico ordenado y una selección cuidadosa, no una acumulación indiscriminada.
El bienestar se integra en el proyecto
El lujo doméstico se desplaza de lo ostentoso hacia el confort: dormitorios protegidos del ruido, baños concebidos como espacios de descanso, zonas para hacer ejercicio, rincones de lectura y una relación más directa con terrazas y jardines. También ganan importancia la calidad del aire, la temperatura, la acústica y la entrada de luz natural. Son elementos menos visibles que un mueble espectacular, pero determinan mucho más cómo se vive una casa.
Distribuciones menos rígidas y más adaptables
Las necesidades de una vivienda cambian con el tiempo y el proyecto debe anticiparlo. Puertas correderas, paneles móviles, espacios comunicados que pueden independizarse y habitaciones capaces de asumir distintos usos permiten transformar la casa sin emprender una nueva reforma. La verdadera flexibilidad no consiste en dejar grandes espacios vacíos, sino en diseñarlos para que puedan utilizarse de varias maneras.
