Cinco errores que cometemos con la piel sin darnos cuenta y cómo solucionarlos de forma natural.

Cinco errores que cometemos con la piel sin darnos cuenta y cómo solucionarlos de forma natural.

Cuidar la piel del rostro parece sencillo, pero lo cierto es que muchas veces lo hacemos mal. No por falta de interés, sino por costumbre, desinformación o falta de tiempo. Lo peor es que algunos de esos errores se repiten día tras día, sin que seamos conscientes de consecuencias a largo plazo tan negativas como la tirantez, la pérdida de luminosidad, la aparición de granitos, el envejecimiento prematuro…

La buena noticia es que corregir estos fallos está al alcance de cualquiera. No se trata de usar veinte productos ni de gastar una fortuna. A veces, todo empieza con cambiar una crema, revisar la forma en que exfoliamos o aprender a leer las necesidades reales de nuestra piel. Por ejemplo, incorporar una crema hidratante rosa mosqueta, como la que ofrece Weleda, puede ayudar mucho cuando sentimos la piel apagada o deshidratada. Aunque se trata de un pequeño gesto, es realmente eficaz si se hace bien.

1. No desmaquillarse, aunque solo sea un día

Este es el clásico error que todas, en algún momento, hemos cometido. Llegar cansadas por la noche y saltarse este trabajo, dejándolo para el día siguiente. Dormir con restos de maquillaje, protector solar o simplemente sin limpiar el rostro impide que la piel respire y se regenere como necesita durante la noche.

A la larga, los poros se obstruyen, pueden aparecer granitos o incluso líneas de expresión más marcadas. La piel pierde frescura, que se soluciona con un simple limpiador suave que no reseque, un poco de tónico, si lo usamos, y una buena crema hidratante después. Cuando se nota la piel especialmente tirante, se debe aplica una crema hidratante rosa mosqueta antes de dormir. La de Weleda, por ejemplo, es muy nutritiva, y al día siguiente la piel amanece más calmada, como si hubiera recuperado su ritmo.

2. Exfoliar con demasiada frecuencia o con productos agresivos

Otro error habitual es pensar que cuanto más exfoliamos, más limpia queda la piel. Y no, la exfoliación debe hacerse con moderación. Si lo hacemos cada dos días, o usamos productos muy abrasivos, lo más probable es que terminemos dañando la barrera natural de la piel.

Esto se traduce en rojeces, irritación o esa sensación de “piel fina” que no tolera nada. ¿Qué conviene hacer? Usar exfoliantes suaves y espaciar su uso a una o dos veces por semana, dependiendo del tipo de piel. Y después, calmar, que es donde hay que recurrir a un buen serum facial, de esos que ayudan a equilibrar e hidratar al mismo tiempo. Los de textura ligera, con ingredientes naturales, funcionan genial, sobre todo, cuando la piel se ha resentido, un serum con extractos vegetales antes de aplicar la hidratante ofrecerá un cambio casi instantáneo.

3. Usar productos que no se ajustan a lo que necesita tu piel

Demasiadas veces elegimos lo que está de moda, lo que nos recomiendan por redes o lo que usa una amiga, sin pensar si realmente es lo que nuestra piel necesita. Además, lo que te iba bien hace dos años puede que ahora ya no funcione igual.

Por ejemplo, en invierno se suele tener la piel más seca, y ahí es cuando hay que recurrir a cremas más ricas, como las de rosa mosqueta, pero en verano, con el calor, la piel prefiere texturas más ligeras, o incluso solo un buen serum por las mañanas. La clave está en observar si sientes tirantez o te salen brillos muy rápido, también hay que observar si aparecen rojeces. A partir de ahí, elige con cabeza, dirigiendo la mirada hacia la cosmética natural de marcas como Weleda, que ofrecen buenas opciones para ir ajustando tu rutina sin sobrecargar la piel.

4. Dejar fuera el cuello y el escote

No hay que olvidar que la piel no termina en la barbilla. El cuello y el escote también están expuestos al sol, al viento, al frío… y muchas veces no reciben ni una gota de crema y, con los años, eso se nota.

Si ya aplicas tus productos con mimo en el rostro, tómate cinco segundos más y extiéndelos hasta estas zonas. No hace falta una rutina diferente, la misma crema hidratante rosa mosqueta que usas para el rostro puede aplicarse también en el cuello. Es más, hacerlo a diario ayuda a prevenir la flacidez y a mantener una piel más uniforme y elástica.

5. No usar protección solar todos los días

De forma general se piensa que solo necesitamos protección si vamos a la playa o si es pleno verano, pero el sol está ahí siempre, incluso cuando está nublado o estamos frente a una ventana.

La exposición continuada, aunque sea leve, contribuye al envejecimiento prematuro y a la aparición de manchas. Por eso, conviene incorporar un protector solar, como paso final de la rutina de mañana, todos los días. Y si vas a estar mucho rato fuera, reaplicar.

Una buena estrategia es aplicar primero un serum facial con antioxidantes o hidratantes y después el protector. De ese modo, además de proteger, estás cuidando la piel en profundidad.

Cuidar bien la piel no es cuestión de tener muchos productos, sino de saber usarlos con sentido común. Escuchar lo que necesita tu rostro, evitar los errores más habituales y optar por cosmética sencilla pero eficaz (como las fórmulas de rosa mosqueta o los serums vegetales), que logrará que tu piel recupere equilibrio y vitalidad sin grandes complicaciones.

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