
Una segunda residencia suele ser aquella que se dedica a pasar fines de semana tranquilos, vacaciones o pequeñas escapadas cuando el trabajo lo permite y, precisamente por eso, pasa gran parte del año vacía. Esa circunstancia hace que requiera algunas medidas de seguridad distintas a los de la vivienda habitual.
Por ese motivo, cada vez son más los propietarios que valoran instalar una alarma para segunda residencia. Poder comprobar desde el móvil que todo sigue en orden o recibir un aviso si ocurre cualquier incidente aporta tranquilidad cuando la vivienda permanece cerrada durante largos periodos.
A continuación, se presentan algunos de los errores más habituales que se dan en segundas residencias en relación a la seguridad.
1. Confiar demasiado en la cerradura
Es bastante habitual pensar que una cerradura innovadora o buena puerta blindada resuelven el problema. Ayuda, por supuesto, pero la seguridad de una vivienda nunca depende de un único elemento. Una ventana poco protegida, una puerta del garaje con años de uso o una terraza de fácil acceso pueden convertirse en el punto más débil.
También conviene revisar de vez en cuando cerraduras, persianas y cierres exteriores. El paso del tiempo, la humedad o la cercanía del mar terminan afectando a los mecanismos, aunque desde fuera parezcan funcionar perfectamente.
2. Dar señales de que no vive nadie
Un buzón lleno durante semanas, el césped sin cortar o las mismas persianas bajadas todos los días acaban transmitiendo la idea de que la casa está vacía, y los amigos de lo ajeno son expertos en observar esta serie de circunstancias.
Basta con introducir pequeños cambios para evitar esa sensación de abandono, como por ejemplo que algún vecino recoja la correspondencia de vez en cuando o programas un temporizador para encender alguna luz durante la noche. Estas sencillas acciones harán que la vivienda resulte mucho menos llamativa para quien busca inmuebles desocupados.
3. Descuidar las pequeñas averías
Aunque es uno de los que más preocupa, la realidad es que muchos problemas no tienen que ver con los robos. Una tubería que pierde agua lentamente, una filtración tras una tormenta o un fallo eléctrico pueden causar daños importantes si nadie entra en la vivienda durante un mes.
Antes de marcharse durante una larga temporada merece la pena dedicar unos minutos a cerrar la llave general del agua, comprobar que las ventanas quedan bien cerradas y revisar que no haya humedades visibles. Son comprobaciones sencillas que pueden evitar reparaciones mucho más caras.
4. Instalar sistemas de seguridad o contratar un seguro… y olvidarse de ellos
Sucede con más frecuencia de la que parece. Se instala una alarma, unas cámaras o sensores y se da por hecho que funcionarán siempre igual.
Como cualquier otro equipo electrónico, necesitan mantenimiento, por eso, conviene revisar periódicamente las baterías, verificar que la conexión sigue activa y asegurarse de que las aplicaciones continúan funcionando correctamente. Cinco minutos de comprobación evitarán más de un disgusto.
Por otro lado, las necesidades cambian con el tiempo. Quizá hace unos años la vivienda solo se utilizaba en verano y ahora también durante puentes o fines de semana, o quizá se ha reformado, se han instalado placas solares o se ha comprado mobiliario nuevo.
En esos casos merece la pena revisar las coberturas del seguro. Algunas pólizas contemplan condiciones específicas para viviendas que permanecen vacías buena parte del año, por lo que comprobarlas de vez en cuando resulta una decisión sensata.
En realidad, proteger una segunda residencia no consiste en hacer grandes inversiones ni en convertir la casa en una fortaleza. La experiencia demuestra que la mayoría de los problemas aparecen por pequeños descuidos acumulados. Revisar la vivienda con cierta frecuencia, mantener las instalaciones en buen estado y evitar señales evidentes de ausencia son medidas sencillas que ayudan a disfrutar de la casa con mucha más tranquilidad cuando llega el momento de volver.
