Tips para recuperar las uñas después del verano.

Tips para recuperar las uñas después del verano.

Después de meses encadenando manicuras, pedicuras, sandalias y esmaltes permanentes, septiembre deja al descubierto uñas amarillentas, finas, quebradizas o descamadas. Aunque suele considerarse un problema meramente estético, el aspecto de las uñas también puede revelar una lesión, una infección o determinadas alteraciones dermatológicas. La recuperación no consiste en aplicar más capas, sino en identificar qué ha provocado el daño y permitir que la uña vuelva a crecer saludablemente. Fátima Rachdan, farmacéutica y especialista en dermocosmética, suplementación y salud integrativa explica cómo realizar un verdadero “detox” de uñas después del verano.

Una uña fina, blanquecina o descamada después de retirar un esmalte permanente no suele necesitar calcio ni otro cosmético que la endurezca. A menudo estamos viendo un daño superficial provocado por el limado o la retirada agresiva: esa zona no se repara, debe ser reemplazada a medida que la uña crece.

El color amarillo tampoco permite diagnosticar hongos. Si además existe engrosamiento, desprendimiento o material bajo la uña, conviene valorarla antes de aplicar un antifúngico o volver a cubrirla con esmalte. Una de las funciones de la farmacia es distinguir un daño cosmético de una alteración que necesita tratamiento».

TIPS PARA RECUPERARLAS

No necesitan respirar, pero sí dejar de sufrir agresiones.

Las uñas están formadas principalmente por queratina y no “respiran” ni acumulan toxinas. Sin embargo, encadenar esmaltes semipermanentes, limados, pulidos y retiradas con acetona puede dejarlas más finas, secas y quebradizas. El verdadero detox consiste en interrumpir temporalmente esas agresiones, observar su estado real y dejar que la parte dañada vaya creciendo hasta poder cortarla.

Nunca arranques el esmalte permanente.

Despegar o raspar el gel en casa puede llevarse también las capas superficiales de la lámina ungueal, provocando manchas blancas, descamación y pérdida de grosor. La retirada debe hacerse con el procedimiento adecuado y sin limar agresivamente la superficie. Volver a pintar inmediatamente una uña dañada solo oculta el problema y puede prolongarlo.

Una semana sin esmalte no reconstruye una uña dañada.

Las uñas crecen despacio y la zona deteriorada no se “repara” de un día para otro: debe ser sustituida por uña nueva. Un descanso reduce la exposición a nuevas agresiones, pero la recuperación visible requiere tiempo y constancia. Durante ese periodo conviene mantenerlas cortas para evitar enganchones, roturas y nuevas separaciones.

Hidratar es más importante que endurecer.

Cuando una uña se parte o se descama, la reacción habitual es comprar el endurecedor más potente. Sin embargo, una uña excesivamente rígida también puede romperse. Desde la farmacia pueden recomendarse aceites, bálsamos o productos hidratantes específicos para uñas y cutículas que ayuden a reducir la sequedad y mejorar su flexibilidad. También conviene utilizar guantes al limpiar o mantener las manos mucho tiempo en contacto con agua y detergentes.

Las cutículas no son un estorbo: protegen frente a las infecciones.

Cortar, arrancar o empujar repetidamente las cutículas puede producir pequeñas heridas y facilitar la entrada de bacterias y hongos. Lo adecuado es hidratarlas y evitar manipulaciones agresivas. Si alrededor de la uña aparece dolor, inflamación, calor, enrojecimiento o pus, ya no estamos ante un simple problema cosmético y debe valorarlo un profesional sanitario.

No todas las uñas amarillas tienen hongos.

Los pigmentos de algunos esmaltes pueden teñir superficialmente la uña, pero el cambio de color también puede deberse a una infección, un traumatismo, psoriasis u otras alteraciones. El engrosamiento, el desmoronamiento, la separación de la uña o la acumulación de material debajo hacen aconsejable consultar antes de utilizar un antifúngico. Pintar encima de una lesión puede retrasar su diagnóstico.

Tampoco necesitan biotina automáticamente.

Las uñas frágiles no demuestran por sí solas que exista una carencia nutricional. Antes de recurrir a biotina, hierro, zinc u otros suplementos conviene valorar la alimentación, los medicamentos, posibles déficits y la presencia de otros síntomas. Además, dosis elevadas de biotina pueden interferir en determinados análisis clínicos. La suplementación debe responder a una necesidad concreta, no al calendario.

Las señales que no deben taparse con otro esmalte.

Una línea oscura nueva o que cambia, una uña que se despega sin causa aparente, dolor persistente, inflamación, deformación, engrosamiento o alteraciones que afectan a varias uñas requieren consulta médica o dermatológica. No toda mancha es peligrosa, pero cubrirla continuamente impide comprobar si evoluciona. Septiembre puede ser el momento de quitar el esmalte y mirar, de verdad, qué hay debajo.

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