Makeunder. Por qué cada vez más pacientes piden disolver sus rellenos.
Labios que asoman por encima de su contorno, pómulos que redondean la cara, ojeras más hinchadas que antes de tratarlas. Después de años de rellenos, muchas mujeres se miran al espejo y no terminan de reconocerse. Varias celebridades han contado públicamente que han dado marcha atrás, y la tendencia ya tiene nombre: makeunder, lo contrario del makeover. Clínica Estética Moma y la Dra. Rocío Mourelle explican qué está pasando en esos rostros, cómo se devuelve una cara a su punto de partida y por qué, en medicina estética, no todo se arregla añadiendo.
Qué le pasa a un rostro sobretratado.
El ácido hialurónico atrae y retiene agua. Bien indicado, aporta soporte e hidratación; acumulado capa sobre capa durante años, puede hinchar los tejidos, desplazarse de la zona en la que se inyectó o permanecer en el rostro más tiempo del que muchas pacientes creen. Es el relleno de labio que acaba por encima del borde, el de ojeras que retiene líquido o el de pómulos que ensancha el tercio medio. El resultado, lo que en inglés ya se conoce como pillow face, es una cara más redonda y pesada que se aleja de la original. El cambio es tan gradual que el ojo se acostumbra: a menudo solo se percibe al comparar con fotos de hace unos años.
Antes de quitar, mirar: el mapa ecográfico.
No se puede deshacer lo que no se ha localizado. La ecografía facial permite ver dónde está realmente el producto, a qué profundidad y en qué cantidad, y orienta sobre el tipo de material. Es un paso decisivo cuando la paciente no recuerda qué se puso ni cuándo, o cuando el relleno ya no está donde se inyectó. En Clínica Estética Moma, ese mapa es el punto de partida: permite actuar solo sobre los depósitos que sobran, con la cantidad justa, en lugar de trabajar a ciegas.
Hialuronidasa:
La enzima que deshace el relleno. Es la herramienta central del makeunder. La hialuronidasa es una enzima que descompone el ácido hialurónico y, guiada por ecografía, se infiltra directamente en los depósitos de producto. Su efecto empieza a notarse en pocas horas y suele completarse en unos días. Actúa también sobre el ácido hialurónico propio de la piel, pero el organismo lo repone con rapidez. Tiene, eso sí, un límite claro: solo sirve para rellenos de ácido hialurónico. No disuelve otros materiales, como la hidroxiapatita cálcica, el ácido poliláctico o la silicona, y por eso el diagnóstico previo resulta imprescindible.
Un acto médico, no una goma de borrar.
La hialuronidasa es un medicamento y puede provocar reacciones alérgicas, por lo que su uso exige historia clínica, valoración de antecedentes y un médico preparado para resolver cualquier complicación. Tampoco es instantánea ni infalible: a veces hace falta más de una sesión, y es habitual cierta hinchazón o algún hematoma pasajero. En este terreno, la formación de la Dra. Rocío Mourelle, especialista también en alergología e inmunología clínica, no es un detalle menor.
Volver al punto de partida antes de decidir.
El objetivo no es vaciar el rostro, sino devolverle su anatomía original para poder valorarlo con honestidad. Por eso, en Moma no se plantea ningún tratamiento nuevo hasta que los tejidos se han asentado, normalmente al cabo de unas semanas. Solo entonces se puede distinguir qué ha cambiado de verdad con los años y qué era producto acumulado. A veces la conclusión es que hace falta muy poco. Otras, que no hace falta nada.
“A veces la respuesta es no”. Es el lema de la clínica y resume su forma de entender la medicina estética: no todo lo que se puede hacer se debe hacer. Decir que no a quien pide más volumen, o proponer quitar en lugar de añadir, exige tiempo de consulta, explicaciones y confianza. También es la manera más sensata de que, dentro de diez años, la mujer del espejo siga siendo la misma.