Diego Serrulla: Habitar el mosaico, cuando el suelo se convierte en arquitectura.
En una manzana del ensanche de Ruzafa, una reforma integral firmada por Diego Serrulla plantea una idea poco frecuente en la vivienda urbana contemporánea: convertir el suelo en el origen del proyecto arquitectónico. La intervención parte de la recuperación de un mosaico hidráulico original, localizado, completado y recolocado manualmente, que pasa de ser un vestigio del pasado a convertirse en el elemento que ordena el espacio, la luz y la materialidad de toda la casa.
Antes de la reforma, la vivienda presentaba una compartimentación excesiva que limitaba la entrada de luz natural y fragmentaba la percepción espacial. El proyecto responde a esta condición con un gesto claro y preciso: liberar la planta de tabiques innecesarios y devolver continuidad visual a la vivienda, permitiendo que el pavimento original recupere su protagonismo como seña de identidad.
El mosaico, un diseño hexagonal de pasta gris con piezas en tonos beige y verdes, se encontraba deteriorado en distintas zonas. Su recuperación implicó un proceso artesanal de búsqueda de piezas compatibles en almacenes de derribo y su posterior recolocación manual, respetando el dibujo original. Lejos de entenderse como un simple acabado, el suelo actúa como una estructura narrativa que guía el proyecto y conecta la vivienda con su memoria material.
La zona de día se concibe como una secuencia continua que integra recibidor, salón y cocina. La apertura de los espacios genera profundidad visual y favorece una relación fluida entre interior y exterior, reforzada por la entrada de luz desde el patio interior. En la sala de estar, la fachada interior de ladrillo visto se ha limpiado y protegido in situ, conservando su textura original como contrapunto cálido frente a superficies más neutras.
La cocina se adapta a una geometría irregular mediante una composición precisa de volúmenes. Un módulo vertical concentra almacenamiento y electrodomésticos, mientras que frente a él se disponen dos piezas complementarias: una baja en nogal rechapado que integra las áreas de trabajo y otra alta lacada en blanco, más ligera, destinada a vajilla y utensilios. Al fondo, una zona con plantas aporta profundidad y refuerza la entrada de luz natural, contribuyendo a una imagen ordenada y equilibrada en la que alturas, líneas y proporciones se alinean con los huecos existentes.
La intervención combina materiales tradicionales con una ejecución contemporánea. Las nuevas carpinterías de madera respetan las trazas originales, las puertas de paso se restauran y la climatización se resuelve mediante difusores lineales integrados en la arquitectura, evitando interferencias visuales y reforzando la lectura limpia del espacio.
En la zona de noche, dos estancias se unifican para crear un dormitorio principal de mayor amplitud. Un vestidor central actúa como pieza de transición y orden, organizando el almacenamiento y el recorrido cotidiano sin necesidad de introducir nuevos tabiques, manteniendo así la continuidad espacial del conjunto.
Los detalles revelan la precisión del proyecto. El baño queda oculto tras una puerta corredera con espejo que amplifica visualmente el espacio, la lavandería se integra tras una puerta enrasada y la continuidad de molduras y materiales evita rupturas innecesarias, reforzando una atmósfera serena y equilibrada.
Más que una reforma, el proyecto plantea una forma de intervenir en la vivienda existente, donde memoria material, lógica espacial y diseño arquitectónico trabajan de manera conjunta. El resultado es una casa más luminosa, coherente y habitable, que conserva su esencia original y la proyecta hacia el presente.