Recibidor abierto o cerrado.

Recibidor abierto o cerrado.


El recibidor no es un espacio menor: es el primer gesto arquitectónico de una vivienda y, a menudo, el más revelador. Decidir si debe ser abierto o cerrado no responde solo a una cuestión estética, sino a una forma de vivir, de moverse y de proteger la intimidad. En arquitectura residencial, ese umbral define cómo la casa se presenta y cómo se defiende. DmasC Arquitectos analiza esta elección clave desde la experiencia, la funcionalidad y la coherencia espacial. Porque entrar en casa también es una declaración de intenciones.

Recibidor abierto: continuidad, luz y vida en movimiento

Sensación de amplitud inmediata. Eliminar barreras visuales multiplica la percepción del espacio, especialmente en viviendas urbanas o de planta compacta.
Conexión directa con la vida diaria. El recibidor se integra en el salón o la zona común, favoreciendo recorridos fluidos y una casa más social.
Mayor entrada de luz natural. Al no compartimentar, la luz se expande desde las estancias principales hasta el acceso.
Estética contemporánea. Funciona bien en arquitecturas limpias, con orden visual y soluciones de almacenaje discretas.
Exigencia de coherencia. Al quedar expuesto, requiere disciplina espacial: todo se ve, todo cuenta.

Recibidor cerrado: intimidad, orden y control

Protección de la vida interior. Permite separar la calle del hogar, creando un filtro psicológico y térmico.
Gestión del desorden cotidiano. Abrigos, bolsos o zapatos quedan contenidos sin invadir las zonas nobles.
Mejor comportamiento climático y acústico. Actúa como colchón frente al ruido, el frío o el calor exterior.
Ritual de entrada más pausado. La casa se descubre progresivamente, reforzando la sensación de refugio.
Versatilidad funcional. Puede incorporar armarios, bancos o piezas de transición bien diseñadas.

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