La kombucha también se come: su papel en el pan de masa madre. Conocida por su consumo como bebida fermentada, la kombucha tiene otra aplicación en la cocina: la elaboración de pan. Su interés gastronómico está en los matices que aporta a la masa, especialmente al sabor y al aroma. Leon the Baker explora esta posibilidad en su pan de molde de sarraceno y kombucha, elaborado con ingredientes de producción ecológica.
Un cereal que en realidad no lo es, y 100 % sin gluten. El trigo sarraceno es una semilla, pariente lejana del ruibarbo, que se comporta como un cereal en la cocina. Es naturalmente libre de gluten, y esta hogaza lo es de principio a fin, como todo el pan de la marca. Es una opción pensada para celíacos y personas con sensibilidad al gluten que no tienen por qué renunciar a un pan con sabor y carácter.
Fermentación con kombucha, un toque diferente En lugar de la levadura de siempre, esta hogaza se fermenta con kombucha, el té fermentado de moda. Ese proceso lento le da una acidez suave, una miga más aromática y una corteza con mucha personalidad, en la línea de los mejores panes de masa madre.
Más fácil de digerir Las fermentaciones largas ayudan a descomponer parte de los almidones y compuestos de la harina antes de que el pan llegue a la mesa. El resultado suele ser un pan que sienta más ligero y que se disfruta sin sensación de pesadez.
Fibra que sacia El sarraceno es rico en fibra, aliada del buen tránsito intestinal y de la sensación de saciedad. Es un pan que llena de verdad, perfecto para un desayuno o una merienda que aguanten hasta la siguiente comida.
Proteína de calidad vegetal Pocas harinas pueden presumir de lo mismo: el sarraceno aporta lisina, un aminoácido esencial que escasea en el trigo. Es un plus para quienes siguen una dieta vegetal o simplemente quieren sumar proteína a su día.
Un concentrado de minerales y antioxidantes Magnesio, manganeso, cobre y fósforo se dan cita en cada rebanada, junto a la rutina, un antioxidante natural propio del sarraceno. Es nutrición de verdad, escondida en un pan de toda la vida.
Energía más estable Gracias a su fibra y a la fermentación, este pan tiene un índice glucémico más moderado que el pan blanco. Eso se traduce en una energía que se libera poco a poco, sin subidones ni bajones.
Se conserva mejor La acidez natural que aporta la kombucha ayuda a que la hogaza se mantenga tierna y sabrosa durante más días. Es un pan pensado para disfrutarlo sin prisas.