¿Por qué enfermamos justo al empezar las vacaciones?

¿Por qué enfermamos justo al empezar las vacaciones?


La farmacéutica Fátima Rachdan explica qué le pasa a nuestro cuerpo cuando por fin dejamos de correr
Después de meses sobreviviendo a base de café, prisas, reuniones, pantallas y listas infinitas de tareas, llega el momento más esperado del año: las vacaciones. Sin embargo, muchas personas experimentan una paradoja desconcertante. Justo cuando por fin tienen tiempo para descansar, aparecen el resfriado, la migraña, el herpes labial, el insomnio o los problemas digestivos. ¿Es casualidad? ¿Nos relajamos demasiado? ¿O existe una explicación biológica detrás de este fenómeno? La farmacéutica Fátima Rachdan, especialista en longevidad, medicina integrativa, suplementación y dermocosmética, fundadora de Farmacia FEM (Travessera de Dalt, 110, Barcelona), explica por qué nuestro organismo no siempre celebra el descanso de la forma que imaginamos.

  • El cortisol cae de golpe
    Durante los periodos de estrés prolongado, el organismo produce cortisol, una hormona que nos mantiene alerta y preparados para afrontar exigencias continuas. Cuando por fin llega el descanso, esos niveles descienden bruscamente y algunas personas experimentan una especie de «efecto rebote». Es entonces cuando aparecen síntomas que llevaban semanas gestándose en segundo plano.
  • El sistema inmune deja de estar en modo emergencia
    Mientras estamos sometidos a una alta carga de trabajo, el cuerpo prioriza la supervivencia inmediata. Al bajar la guardia, pueden manifestarse infecciones leves que llevaban días incubándose. Por eso muchas personas desarrollan catarros o molestias precisamente cuando empiezan las vacaciones.
  • El herpes aprovecha el cambio de ritmo
    Uno de los clásicos del verano. El virus del herpes permanece latente en el organismo y puede reactivarse ante cambios importantes en el estrés, el descanso, la exposición solar o las defensas. No es casualidad que muchas personas estrenen vacaciones con una incómoda ampolla en el labio.
  • El aparato digestivo también acusa el frenazo
    Nuestro intestino está estrechamente conectado con el sistema nervioso. Cambiar de horarios, comer diferente, beber, viajar o simplemente relajarse tras meses de tensión puede provocar digestiones pesadas, diarreas, estreñimiento o sensación de hinchazón abdominal.
  • Dormimos más… pero no siempre mejor
    Muchas personas llegan agotadas al verano pensando que recuperarán sueño en dos días. Sin embargo, cambiar de horarios, viajar, abusar de las siestas o aumentar el consumo de alcohol puede alterar temporalmente el descanso y generar insomnio precisamente cuando más queremos dormir.
  • Las migrañas también tienen vacaciones
    Existe un fenómeno bien conocido por los neurólogos: algunas personas sufren dolores de cabeza no durante los periodos de máxima tensión, sino cuando esta desaparece. El famoso «dolor de cabeza del fin de semana» es un ejemplo clásico que suele repetirse al inicio de las vacaciones.
  • Los excesos llegan demasiado rápido
    Pasamos de la rutina a las comidas copiosas, los aperitivos interminables, las cenas tardías y el alcohol prácticamente de un día para otro. El organismo necesita un periodo de adaptación y no siempre responde bien a cambios tan bruscos.
  • El cuerpo necesita vacaciones graduales, no un apagón
    Según explica Fátima Rachdan, uno de los errores más frecuentes es pasar de una vida acelerada a un descanso absoluto de forma repentina. El organismo funciona mejor cuando los cambios son progresivos. Reducir el ritmo unos días antes, cuidar el sueño, mantener cierta actividad física e hidratarse correctamente ayuda a que el cuerpo entre en modo vacaciones sin pasar factura.
  • No siempre estamos enfermos: a veces simplemente estamos agotados
    En muchos casos no existe una enfermedad concreta. Lo que aparece es la fatiga acumulada de todo un año. Cuando desaparecen las obligaciones y el ruido constante, el cuerpo por fin encuentra el espacio para expresar un cansancio que llevaba meses ignorando.
  • Las vacaciones también son una prueba de salud
    Si cada verano aparecen los mismos síntomas, puede ser una señal de que vivimos demasiado cerca del límite durante el resto del año. Para la farmacéutica, las vacaciones no solo sirven para descansar: también son un buen momento para escuchar qué intenta decirnos el cuerpo cuando por fin dejamos de correr.

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